Raymarine

Era el 7 de agosto, en el pico más alto de la temporada estival. Tras comer en cala Trebalúger con unos amigos, escapamos a media tarde agobiados por la cantidad de barcos fondeados. Íbamos a echar el ancla en Binigaus o la socaire del islote Codrell, a apenas una milla. Pero pasando frente la cala Escorxada, vimos que solo había un velero y un par de lanchas. Entramos sin dudarlo y al anochecer marcharon todos, dejándonos la cala entera para pasar la noche. Despertar con el suave terral menorquín y darse el primer baño del día en solitario en estas aguas es un verdadero lujo. La casualidad y los extraños flujos turísticos del verano 2020 propician estas raras alegrías.

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