Soller
La primera vez que entré en Soller, a primeros de los 80?, lo hicimos de noche y ciñendo por la bocana contra un suave terral. Nos habíamos quedado sin motor. Aparte del fondeo, 8 o 10 transeúntes amarrábamos -con ancla, sin muerto- en un pequeño espigón en "T" donde ahora están los barcos de turistas. No había nada más. Las cosas han cambiado bastante desde entonces en Soller, y no precisamente a peor. Le tengo un gran cariño a esta bahía. Ha conseguido modernizar su oferta náutica sin vender ni renunciar a su identidad.








