El sistema de reserva de boyas en Cabrera mantiene una lógica completamente obsoleta
(27/ago/26) El Parque Nacional de Cabrera es un tranquilo refugio natural con bonitos fondos marinos y paisajes de gran belleza. En 1991 fue el primer parque nacional marítimo-terrestre de España, con visitas restringidas y pernoctaciones ceñidas a un campo de boyas para los navegantes de paso. El sistema de reserva de estas boyas, muy singular en su planteamiento, ha sido criticado desde su puesta en marcha.
Las aguas de la isla de Cabrera, a unas 5 millas del extremo SE de Mallorca, disfrutan de unas costas virginales y una gran variedad de fauna marina. En la isla principal, el histórico castillo del siglo XIV ha sido testigo de múltiples episodios de piratería, contrabando, espionaje y también un cruel campo de concentración, actividades que contrastan con la actual tranquilidad de este enclave. En Cabrera no hay supermercados, tiendas ni hoteles. Tampoco hay ruidos ni asfalto, tan solo un merendero con un pequeño bar donde tomar bebidas o sencillas comidas.
Desde los puertos cercanos en Mallorca salen a diario motoras rápidas con turistas de visita por Cabrera en excursiones diurnas. Las embarcaciones privadas que quieran navegar y/o pernoctar en esta isla necesitan tramitar un permiso específico en la web del parque, al tiempo que han de reservar una de las boyas instaladas para los transeúntes. El sistema que rige en las reservas de estas boyas es -cuando menos- muy singular.
Un sistema criticado desde 1991
La rada principal de Cabrera dispone de 50 boyas; 20 para los barcos de chárter y 30 para los barcos privados. Esta curiosa división, única desde entonces en el Mediterráneo, es la madre del problema en las reservas. El objetivo de los responsables del parque era que los patrones de ambos tipos de barcos tuvieran iguales posibilidades de acceder a las boyas.
La explicación que se dio en su día para justificar este curioso reparto de boyas entre particulares y chárter es que “el sistema de reservas ….//…. garantiza que ambos tipos de usuarios puedan acceder al Parque Nacional, evitando que uno de los dos colectivos acapare todas las plazas”.
Estoy seguro que el ideólogo de este sistema de reservas tenía la mejor de las intenciones, pero también estoy convencido de que sabía muy poco de náutica deportiva. No existe ningún sindicato de armadores de barcos ni de capitanes de chárter que pueda organizar un acaparamiento colectivo de boyas en Cabrera, ni en ningún otro lugar. En paralelo, los armadores privados y los capitanes de chárter están acostumbrados desde hace décadas a convivir en todas las calas y puertos del Mediterráneo que visitan.
La loable intención de equidad de los responsables del Parque es todavía más absurda cuando las reservas se han de hacer online con 20 días de máxima antelación. Si se pudiera reservar de un año para otro, tendría su lógica que los armadores privados tuvieran una limitación para reservar boyas frente a los capitanes de chárter, que no siempre tienen reservado su barco de un año para otro. Pero 20 días antes de ir a Cabrera, tanto los armadores privados como los capitanes de chárter tienen hechos sus planes y pueden entrar en la web a hacer su reserva. No tiene el más mínimo sentido que las boyas estén divididas entre ‘Particulares’ y ‘Chárter’.
Tal y como están las cosas, en temporada alta, un armador particular que desee reservar una boya en el Parque Nacional de Cabrera deberá ir a dormir a la hora de Cenicienta 20 días antes de su visita, que es la máxima antelación autorizada para hacer su reserva. Deberá estar puntualmente frente a su ordenador a las 00:01 y tener la suerte de ser uno de los primeros en optar por las boyas disponibles.
El patrón de un barco de chárter en la misma situación no debe tener ningún cuidado especial en este aspecto. En cualquier momento del verano hay un holgado sobrante de boyas ‘Chárter’ y sus patrones las pueden reservar prácticamente de un día para otro.
Paradógicamente, a 4 millas de Cabrera, en las playas de Es Trenc o Es Carbó fondean todos juntos, escogiendo sitio en los espacios disponibles a medida que van llegando. Y en cualquier reserva de amarre en un puerto de Mallorca, ya sea por VHF, teléfono u online, te piden nombre, eslora, manga y calado (además del nº de la VISA), pero nunca cuestionan si tu barco es privado o alquilado.
En la práctica
La actual separación por tipología de las boyas la justifica la administración argumentando que ambos sectores ‘tienen necesidades distintas’ y buscando compatibilizar el uso recreativo privado con la actividad económica del chárter. Es evidente que el negocio del chárter en su conjunto es bien distinto al uso privado de un barco, pero una vez en el agua, ambos tipos de barco disfrutan de los mismos derechos y obligaciones.
El razonamiento de la administración es absurdo en su concepto. En un símil automovilístico, el negocio del alquiler de coches es bien distinto a la compra privada de un automóvil, pero una vez en la carretera, ambos conductores nos ceñimos a las mismas normas de circulación y aparcamiento. No existen plazas de aparcamiento privativas de los coches de alquiler. Los primeros que llegan ocupan los sitios libres.
A este respecto, la actual normativa contempla que si un tipo de boya (chárter o particular) no se reserva al completo, las plazas libres ese día puedan redistribuirse a partir de las 12:00 al otro grupo para que no queden boyas vacías.
Esta medida vuelve a poner en evidencia el desconocimiento de los responsables del Parque Nacional sobre la realidad de la vida a bordo en crucero. El velero más cercano en Mallorca esperando una boya podría estar a 5 o 6 millas de Cabrera. Si la ´recolocación’ de boyas sobrantes se hace a partir de las 12:00, los afortunados beneficiarios de una de estas boyas están a 2 horas largas de Cabrera y al llegar a destino habrán perdido toda la mañana en la espera. Con los medios de comunicación que disponemos en el siglo XXI, esta ‘pedrea’ en el sorteo de adjudicación de boyas es una medida evitable, pues también se presta al amiguismo que en nuestro país suele merodear estas situaciones .
Conclusión
El reparto de boyas entre barcos privados y de chárter quizás tuvo algún sentido (personalmente, lo dudo) a primeros de los años 90, cuando se puso en marcha. El chárter era entonces una aventura empresarial en sus albores y posiblemente alguno de sus primeros representantes logró convencer a los responsables del Parque Nacional de que los barcos de alquiler necesitaban mimos especiales.
Han pasado más de tres décadas desde los años 90 y el chárter está hoy completamente integrado en la náutica deportiva. Favorecer o perjudicar de algún modo a este grupo de barcos en la gestión de reservas ha perdido hoy todo su sentido.
En mi opinión, el sistema de reserva de boyas en Cabrera debe ponerse urgentemente al día, unificando su oferta entre barcos particulares y de chárter.
Por: Enric Roselló, editor de Mar Abierto
webs de referencia:
www.caib.es/rescabfront/?lang=es www.caib.es/sites/espaisnaturalsprotegits/es/parque_nacional_maritimoter...
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