El Salón Náutico de Barcelona busca reposicionarse tras un año en blanco por la Copa América

Los retos que tiene por delante el Salón Náutico de Barcelona -y todo

(20/mar/25) El presidente del Salón Náutico de Barcelona, Luis Conde, el director del certamen Josep Antoni Llopart y el gerente de la patronal ANEN Jordi Carrasco explicaron las líneas maestras de su proyecto para revitalizar el salón náutico barcelonés. Ninguno de los planes suena a nuevo, se aparenta viable ni me resulta seductor. (por Enric Roselló)

La edición 2025 del Salón Náutico de Barcelona se celebrará en sus fechas habituales, del 8 al 12 de octubre y, según sus organizadores, “marcará el inicio de un nuevo periplo en el que se prevé crecer notablemente en el Port Vell de la capital catalana, con la presencia de una oferta más exclusiva y marcas líderes. Asímismo, organizará nuevas actividades y propuestas dirigidas a profesionales y grandes compradores nacionales e internacionales”.
Esta promesa de reorientación del evento, organizado por Fira de Barcelona y la patronal ANEN, ha elaborado un plan estratégico que dice buscar incrementar “la calidad de la oferta contando con embarcaciones de grandes esloras, la participación de las empresas ‘top’ del mercado y un mayor número de astilleros internacionales para así cautivar a un público más cualificado y con mayor capacidad de decisión y compra”.
Este año, en el Moll de Barcelona (lateral del BCN Trade Center), amarrarán embarcaciones de más de 20 m., añadiendo este espacio de exposición a los ya conocidos del Port Vell, Moll de la Fusta, Moll de España y parte de Marina Port Vell. Para facilitar la visita, una embarcación lanzadera conectará los muelles de Barcelona y de España.
Luis Conde explica que: “la intención es dar un salto adelante entre los grandes salones europeos por calidad de oferta y por presencia de grandes marcas internacionales, contribuyendo así a reforzar el posicionamiento de Barcelona como la capital española y europea de la náutica deportiva y de ocio”.
El director del salón, Josep Antoni Llopart, completaba la ambiciosa explicación del presidente comentando que “la edición de 2025 inicia una nueva etapa en la que hemos puesto el foco en mejorar la calidad de la oferta, para atraer a un público con un perfil más profesional e internacional que dinamice las ventas en el salón”.
El director general de ANEN, Jordi Carrasco, tampoco aclara gran cosa añadiendo que: “valoramos positivamente el impulso del Salón Náutico para innovar y adaptarse a las nuevas tendencias del mercado. Confiamos en que esta actualización mejorará la experiencia de los expositores y de los visitantes”.
Buscando despertar el interés de visitantes de alto nivel, el Salón de Barcelona creará un programa de ‘hosted buyers’ (compradores invitados), para compradores internacionales y una red de embajadores, que incluye grandes empresas del sector o clubes náuticos para que actúen como agentes promotores del salón a nivel nacional e internacional.

El Salón Náutico de Barcelona tiene claro su rumbo?
Los discursos de los responsables del salón invitan a pensar que los aficionados nacionales, que acuden cada año al salón interesándose en nuevos barcos o accesorios, son del todo prescindibles. Los organizadores del Salón Náutico de Barcelona opinan que necesitan visitantes profesionales e internacionales.
Definir a un visitante internacional es sencillo: es un visitante que viene de otro país. En Barcelona son abundantes los aficionados llegados del sur de Francia, que tienen el salón a 2 horas en coche de su casa y vienen a pasar el día o el fin de semana a Barcelona por un presupuesto razonable. Perpignan, a 192 km., está más cerca de la capital catalana que Valencia (350 km) o Zaragoza (308 km).
Si hablamos de visitantes internacionales llegados de más lejos, entra en juego la competencia de otros salones europeos y Barcelona está hoy muy lejos de poder competir en calidad y cantidad de oferta con Génova, Dusseldorf, Cannes o La Rochelle.
En vez de buscar visitantes internacionales, que ya tienen importantes salones náuticos en su país, me sorprende que los responsables del salón de Barcelona no tengan en mente reafirmar -o quizás ya debería decir recuperar- su condición de liderazgo entre los aficionados nacionales. Se podrían negociar ofertas de transporte y alojamiento que hicieran más apetecible su visita a Barcelona.
En lo que respecta al visitante comprador profesional, su interés por Barcelona estará lógicamente en relación con el número de astilleros, fabricantes de accesorios, electrónica, etc. que aporte la industria nacional. En estos momentos la cifra es muy baja y no da la sensación de que vaya a crecer de forma inminente.

Las cifras mandan
La realidad es muy tozuda. El 90 % de los barcos que se vendieron en España en 2024 tenían menos de 8 metros. En toda lógica, los compradores de estos barcos son el grueso de los visitantes del salón de Barcelona. Si se quieren ganar visitantes en la feria barcelonesa, una opción que parece sensata sería mimar estas esloras en la oferta de barcos expuestos.
Las esloras medias y grandes son un apetitoso reclamo para el salón y generan buenas cifras de negocio en cada operación, pero el número real de 'visitantes compradores' que generan estas esloras es reducido.
En paralelo, el 35/40% de los barcos matriculados en España en 2024 lo fueron en lista 6ª. Estos barcos de chárter navegan una media de 12 semanas (3 meses) al año, mucho más tiempo que los habituales 30 días que suelen navegar los barcos con un único propietario.
Traducido en cifras, esto significa que, en un día cualquier de verano, las tripulaciones de 3 de cada 5 barcos que vemos en el agua o en un fondeo navegan de alquiler. Dicho de otra manera, actualmente hay casi 7 veces más 'patrones sin barco' que armadores tradicionales. Pero a pesar de estas contundentes cifras, las empresas de chárter son los grandes ausentes del Salón Náutico de Barcelona. Parecería lógico que los directivos y comerciales de la feria barcelonesa hicieran lo imposible para captar y fidelizar a estas empresas entre sus expositores, incluso convirtiéndolos en ‘hosted exhibitors’ (expositores invitados) temporales.

Una realidad cambiante
Es cierto que los tiempos son complicados. Las ventas 2024 de barcos en Europa han bajado sobre el 15/20% según país y tipología de barco. En los EEUU han tenido cerca del 10% de merma en las ventas 2024.
En paralelo, los salones náuticos no pasan por sus mejores momentos. Eventos emblemáticos, como París, han desaparecido definitivamente y en Dusseldorf, la actual feria náutica europea de referencia, han bajado un 10% su números de visitantes respecto a 2024.
Hanse Yachts renunció este año a exponer barcos en ‘su’ Boot de Dusseldorf, al tiempo que marcas como Bavaria o Beneteau reducían sensiblemente el número de unidades expuestas. El transporte por tierra de los barcos es tremendamente caro y resulta más sencillo y barato para el astillero y para los clientes acudir a exposiciones privadas fijas en el agua.
Internet y las redes sociales han cambiado nuestra manera de comunicarnos, de comprar y de interactuar socialmente y estos cambios también afectan a los salones náuticos, que ya no tienen la exclusiva de las novedades. El mundo digital es el actual estreno de cualquier primicia.
Las presentaciones virtuales son cada día más atractivas y ya complementan todo tipo de eventos. ¿Alguien se ha planteado incluir en el Salón Náutico salas multisensoriales para presentar virtualmente barcos, accesorios o destinos de navegación? Hay ferias en distintos ámbitos que ya exploran este camino. En un salón náutico, el ahorro en costes para los expositores sería tremendo y los visitantes saldrían del salón con unos conocimientos posiblemente más completos y placenteros que haciendo cola para la visita de un barco en el pantalán o recogiendo trasnochados folletos impresos.
El futuro del Salón Náutico de Barcelona difícilmente estará en las grandes esloras. Barcelona no es Montecarlo. El Mónaco Yacht Show, que parece ser el faro en el horizonte de los responsables del salón barcelonés, apenas supera los 30.000 visitantes (50.000 en Barcelona) y tiene la mitad de expositores que la ciudad condal.
El hecho de que en la capital catalana radiquen (ambas con capital extranjero) la mayor empresa del mundo de refit de grandes esloras (MB92) y Marina Port Vell, donde amarran unos yates imponentes, no convierte a Barcelona en la capital del glamour ni en el paraiso fiscal del Mediterráneo. Las grandes esloras (y sus grandes fortunas) vienen a Barcelona a reparar y a amarrar. No a residir ni a hacer turismo.

Por: Enric Roselló, editor de Mar Abierto