El Palma Boat Show 2022 casi supera al Salón Náutico de Barcelona en empresas participantes

Mar Abierto Una novedad de esta edición del PIBS es que la venta de entradas es

La presidenta del Govern Balear, Francina Armengol, inauguraró ayer jueves la feria náutica balear, abierta hasta el próximo 1 de mayo. La presidenta agradeció en un breve parlamento el papel de los organizadores por “consolidar una feria náutica a nivel internacional” y recordó que “desde el Govern tenemos muy clara nuestra apuesta por la diversificación económica y por el sector náutico, que da un valor añadido a nuestra economía”.
El Palma International Boat Show cuenta con 276 empresas participantes, seis más que en 2019, 49 más que el año pasado y 20 expositores en lista de espera por falta de espacio. Hay unas 264 embarcaciones expuestas en el agua. Estas cifras quedan apenas por debajo de las que tuvo el Salón Náutico de Barcelona 2021. ¿Estamos cerca del ‘sorpasso’ entre los dos mayores salones náuticos nacionales?
Un aspecto a destacar en esta edición es la alta participación de empresas que nunca habían formado parte del PIBS. En concreto, un notable 28 % de los expositores se estrenan este año en Palma. El PIBS está siendo también escenario de presentaciones a escala mundial, puesto que las restricciones sanitarias todavía vigentes a primeros de 2022 han convertido a Palma –de facto- en la primera feria náutica internacional del año y varios astilleros han escogido la capital balear para presentar sus nuevos modelos.
Destaca el incremento de la exposición de veleros y crece también notablemente el segmento de las embarcaciones híbridas o eléctricas. Crece también el interés de esta edición entre las empresas internacionales, que representan un 28 % de los expositores, con el 54 % de empresas locales y un 18% de expositores de ámbito nacional. El Boat Show de Palma se ha convertido en una de las puertas de entrada más solventes para empresas internacionales que quieren establecerse en las islas e incluso en el país.
El evento balear incluye el Palma Superyacht Village, centrado en la venta y alquiler de grande yates. Este año ha crecido la oferta de grandes veleros respecto a la habitual oferta de motoras de eslora elevada. El área dedicada a la reparación y el mantenimiento de grandes yates este año cuenta con 21 empresas y el Palma Superyacht Village estrena un espacio dedicado a las tripulaciones profesionales donde se llevarán a cabo actividades y charlas especializadas.

Una feria con futuro
Hay dos sensaciones que me rondaron por la cabeza visitando ayer el Palma International Boat Show, en su día de su apertura. La primera es lo abigarrado de esta feria en comparación con los eventos de Valencia o Barcelona. El área del Moll Vell es la que es y los stands han de ser forzosamente pequeños y prietos. Me gusta esta sensación. Concentrar la oferta es bueno para el visitante, pues te separa el 'grano de la paja' y te ahorra largas e inútiles caminatas. El METS de Amsterdam o el Boat Show de Southampton conviven con esta misma circunstancia y no les impide ser dos de los eventos náuticos más importantes de Europa.
Dicho esto, también es cierto que de seguir en esta tendencia al alza, el PIBS deberá ampliar?, dividir?, trasladar? su exposición. Ya se escuchan rumores sobre la posibilidad de utilizar algunos de los muelles adyacentes a la actual exposición, o de trasladar las grandes esloras a otras zonas del puerto de Palma, como han hecho en Cannes con los veleros, habilitando lanzaderas que comuniquen permanentemente por mar las zonas de exposición.
Otra sensación que siempre tengo paseando por los pantalanes del Boat Show de Palma es el alto grado de implicación de sus visitantes con la náutica. Incluso visitando la feria en un día laborable, sorprende la impresión de que apenas hay curiosos y que el grueso de los visitantes son personas afines a la náutica. No tengo datos que avalen mi opinión, pero creo que Mallorca tiene el porcentaje de residentes aficionados o profesionales de la náutica entre los más altos de España. Como refrendo casual de este comentario, el taxista que me recogió en la puerta del certamen para llevarme al aeropuerto me preguntó rápidamente sobre mis impresiones sobre la feria, que iba a visitar el fin de semana. Luego me estuvo comentando que su padre tenía un llaut y él un pequeño velero, que regateaba con sus amigos y –cómo no- que los precios de los amarres en Mallorca estaban por las nubes. Me reitero, en mi convencimiento de que la afición al mar en Mallorca no es cosa de cuatro multimillonarios con megayates –que los hay- sino que es una afición muy arraigada.

Por: Enric Roselló