Las recaladas de ‘2ª Categoría’ han ganado tranquilidad con el chárter

Mar Abierto - S'Illot es un núcleo turístico tan auténtico como carente de glamo
Mar Abierto Las aguas de Sa Coma nada tienen que envidiar a las de las playas má

(8/ago/20) El chárter ha cambiado –y seguirá haciéndolo- los usos y costumbres de la náutica deportiva. Los ‘navegantes sin barco’ ya son la mayoría de facto en nuestros puertos y fondeos y sus requerimientos y condicionantes se están imponiendo como norma en el resto de aficionados. Como se dice coloquialmente ¡Ésto es lo que hay! y hay que adaptarse a ello.

Un habitual condicionante de la navegación de alquiler es una limitación temporal a una semana en el uso del barco, cuando los armadores particulares disponen de 15, 20 o 30 días para sus vacaciones náuticas. Las recaladas de chárter se han de plantear de manera a ver el máximo posible en este lapso de tiempo disponible. Apenas hay espacio para otras sutilezas y los navegantes de alquiler han de recalar en los seis destinos ‘5 estrellas’ que ellos han escogido semanas atrás o les han recomendado en la empresa de chárter al entregarles el barco.
En Mallorca, por ejemplo, hay playas como Es Trenc, cala Varques o Formentor –por citar las tres primeras que me vienen a la mente- que siempre están en la lista de quienes tienen una semana para dar la vuelta a la isla. Esta consideración de cita obligada llena estos destinos de barcos de una manera exagerada en comparación con el resto de playas.
Cuando el grueso de los navegantes eran armadores particulares que disfrutaban en familia o con los amigos de sus días de vacaciones, los barcos se repartían de forma más equitativa en las distintas recaladas. Si una playa estaba muy llena los armadores seguían tranquilamente hasta la siguiente. Pero cuando solo puedes disfrutar del barco durante una semana de alquiler en verano, echar el ancla en la recalada estrella es imperativo. No hay opción para destinos que no jueguen en esta especie de Primera División establecida por las guías náuticas, la prensa náutica y –por qué no decirlo- las redes sociales; cada vez más influyentes en estos temas.
Como miembro de esa raza en peligro de extinción que somos los armadores particulares, este verano nos permitimos recalar en varios destinos que podríamos considerar de Segunda División. Uno de ellos es la mallorquina cala de S’Illot y su vecina playa de Sa Coma. Una jornada en solitario en la primera y apenas tres barcos en la segunda. El fondeo en la playa de Sa Coma, en la costa sudeste mallorquina, queda protegido de los vientos y mares del norte por el gran saliente del Amer, todo él Parque Natural. Sus aguas cristalinas hacen pronto olvidar los inconvenientes que pueda ofrecer el suficientemente lejano núcleo turístico de Sa Coma.
Las recalada en S’Illot es lo más parecido a echar el ancla en un pueblo siciliano que pueda encontrarse en Mallorca. Este núcleo residencial, mayormente familiar y de veterano arraigo entre los mallorquines, no tiene ninguna ínfula de glamour internacional. La playa es especialmente ruidosa por el griterío infantil y adolescente y –cosa rara- el urbanismo de esta localidad se olvidó del sempiterno paseo marítimo que remata todas las playas turísticas y puertos de nuestro país. Las calles terminan en la playa y fondeando aquí se tiene la impresión de haber echado el ancla en la plaza mayor del pueblo, tal es la integración con el urbanismo local. La pequeña roca que da nombre a S’Illot protege someramente la ensenada de los vientos del sudeste. S'Illot seguro que no entra en el 'top ten' de los mejores destinos mallorquines, pero personalmente me resulta mucho más auténtico y atractivo recalar aquí que otros destinos ‘prefabricados’ y mucho más concurridos.
En el lado sudeste de S’Illot, este núcleo residencial tiene la cala Morlanda como segunda opción al fondeo. Cala Morlanda es también es una opción en la Segunda División en la lista de destinos de la isla, pero esta consideración no la exime de unas aguas de gran belleza en un fondo de blanca arena y una buena protección a los vientos del norte. Su mayor inconveniente como recalada ‘urbana’ es que las propias rocas de la cala incomodan el desembarco en el pueblo. Este especial verano 2020, algunos barcos de paseo de turistas han tomado cala Morlanda como base. Esperemos que sea una opción temporal.