Porto Azzurro (Isla de Elba) también se decanta por las grandes esloras

Mar Abierto - Las esloras medias en los abigarrados pantalanes de Porto Azurro h
La imagen de Google Earth de Porto Azzurro que visualiza los nuevos amarres

(18/10) Es uno de los puertos con más encanto de Elba y desde 2011 ha tomado un decidido rumbo para volver a atraer grandes yates a sus muelles. Las 117 abigarradas plazas (casi un centenar de ellas para transeúntes) en los pantalanes flotantes que se ven en el centro de la foto (tomada en 2009), han desaparecido del mapa.

En los años setenta, a Porto Azzurro lo llamaban “el Saint Tropez de la Toscana”. Los yates más rutilantes del Mediterráneo atracaban en sus muelles llevando a famosos artistas, magnates y aristócratas que pululaban con normalidad por sus calles y cenaban en sus terrazas. El devenir de esta escala fue evolucionando en paralelo al auge de un turismo más popular que iba llegando a esta bella isla.
El puerto también fue evolucionando, incluyendo la prolongación y adecuación de su muelle para el atraque de ferris y la instalación de distintos pantalanes flotantes donde amarrar yates de hasta unos 20 m.
Parece que el actual consistorio quiere dar un golpe de timón para revertir el curso del turismo en su pueblo y ha tomado dos claras decisiones al respecto. La primera es no renovar la concesión de los pantalanes para esloras medias que ocupaban toda la parte central del espejo de aguas del puerto.
Brokers del Mediterráneo era la empresa mayoritaria de esta concesión de amarres y su licencia no fue renovada en 2010, obligando el consistorio a la empresa a desmantelar sus pantalanes. Brokers recurrió la decisión en los juzgados, pero en marzo 2013 el Tribunal falló en favor del ayuntamiento, dando por firme su decisión.
La segunda decisión del consistorio –complementaria a la primera- fue anular la línea regular de ferri entre Piombino (Italia continental) y Porto Azzurro. Esta línea recala desde 2012 en el cercano puerto elbano de Cavo, que ha reconvertido su antiguo muelle de carga de minerales para adaptarlo al tránsito de ferris.
El nuevo rumbo tomado por Porto Azzurro tiene su centro angular en el amarre en punta de unos 15 grandes yates en el interior de su dique de abrigo. El muelle ya ha sido acondicionado en este sentido con muertos para barcos de hasta 80 m. Las esloras medias deben ahora fondear en la amplia rada, lo cual tampoco es una mala opción.
En unas declaraciones a la prensa a finales de este verano 2013, el alcalde de Porto Azzurro se mostraba feliz con la llegada de grandes yates a su pueblo y confiado en que esta medida iba a reactivar la economía local y recuperar el glamour y el prestigio que antaño tenía Porto Azzurro.

Comentarios

La nostalgia es un error

“La nostalgia es un error” es el título de un ameno libro de José Luis de Villalonga recreando historias de ricos y famosos de principios y mediados del siglo XX.
Conocí, de niño a finales de los 60, el mítico Saint Tropez de Brigitte Bardot, Jean Paul Belmondo y Alain Delon. Recuerdo coincidir en ese puerto con Ringo Starr (el pleno furor de los Beatles) dos barcos más allá y con Jean Claude Killy (recién ganadas sus medallas de oro en los JJOO) paseando por los muelles en loor de multitudes. También estuve en Porto Azzurro pocos años antes, pero mi memoria no da para más.
En tiempos más recientes he vuelto a Saint Tropez y también he recalado en puertos como Porto Cervo, Porto Rotondo o Porto Azurro.
La apuesta de la inmensa mayoría de puertos del Mediterráneo por las grandes esloras es clara y decidida. La cuenta de explotación que se deriva de amarrar grandes yates es infinitamente más suculenta que la que se obtiene amarrando veleritos de 12 o 15 m. Las pequeñas esloras ya ni aparecen en el mapa de transeúntes deseables.
Económicamente no hay discusión en que un barco de 50 m. aporta más dinero al puerto que 5 barcos de 10 metros. Y lo hace ocupando un espejo de aguas menor. Lo que no está tan claro es que estos transeúntes en mega-yates vayan a recuperar el glamour de ningún puerto ni que vayan a revertir consumo en las poblaciones donde recalen en verano. Las tripulaciones de estos barcos no van al super, ni compran en las tiendas, ni cenan en las terrazas del puerto. Lo hacen todo a bordo.
Brigitte Bardot, J.P. Belmondo, A. Delon, los Agnelli, los Gucci e incluso Claudia Schiffer hace años que están jubilados. Y quienes ocupan hoy su lugar en las plazas prominentes de los puertos son unos magnates de la informática o de las materias primas rusas que no destacan precisamente por su elegancia y además se esconden en unos megayates completamente blindados y herméticos a cuanto les rodea.
Que nadie espere cenar en la mesa de al lado, ni cruzarse por las calles de Porto Azurro con Andrei Melchienko, con Bill Gates o con Roman Abramovich.
Estos desmesurados barcos, sus armadores y tripulaciones, son capaces de generar ingentes cantidades de gasto en el aprovisionamiento de sus bodegas, pero su dinero pocas veces revierte en verano más allá de la caja de la marina donde atracan. Incluso en invierno, la gestión y el mantenimiento de estos yates se ajusta muy poco a lo que podríamos llamar “comercio de proximidad”.
La forma de navegar de los modernos magnates nada tiene que ver con la de quienes les precedieron hace décadas. Los nuevos millonarios no mantienen sus barcos por afición al mar ni por tradición familiar, como hacían los Agnelli, los Gucci o los Grimaldi.
Los modernos mega-yates son la necesaria prolongación veraniega de los despachos de sus dueños, que favorecen de esta manera una relación endogámica entre ellos, perfilando futuros negocios en cenas y cócteles a bordo.
No sé si Porto Azzurro va a conseguir recuperar su añorado glamour. Me temo que no, y la razón de mi pesimismo no es que su puerto no vaya a recuperar a las grandes esloras, que seguro que lo hará. Lo que ocurre es que el glamour ya no viaja a bordo de los modernos gigayates a motor.
Como decía J.L. de Villalonga en su libro: La nostalgia es un error.

(por Enric Roselló, editor de Mar Abierto)