El Port d’Andratx no pierde su encanto con los nuevos tiempos

Mar Abierto Apacible atardecer en el Port d'Andratx

(15/jul/20) Fue uno los primeros puertos en singularizarse como icono de esnobismo de élites en las Baleares y ha mantenido alto el listón a lo largo de las décadas. En este puerto han recalado artistas, intelectuales y personajes públicos de toda índole. Al basar el grueso de su oferta en la residencia privada, Andratx se mantiene con cierta facilidad al margen de los vaivenes de la industria turística.

La oferta turística del Port d’Andratx se basa mayormente en chalés y apartamentos privados, cuya alta cotización no solo despierta pasiones entre los profesionales del mundo inmobiliario. Algunos políticos también han sucumbido a las mieles de la fortuna del ladrillo y distintos casos de graves irregularidades urbanísticas han pasado por los juzgados en esta localidad.
Mi abuelo me trajo en barco al Port d’Andratx allá por los años 60. Era un chaval, pero recuerdo perfectamente la imponente y preciosa entrada navegando entre los frondosos bosques que entonces cubrían Sa Mola y Es Puig de s’Espart, para amarrar en lo que es el actual muelle de Port IB, pues el puerto deportivo aun no existía.
En Andratx ya pasaban entonces sus vacaciones artistas e intelectuales de distinto linaje y el ambiente por las calles y en las terrazas del puerto ya poco tenía que ver entonces con el turismo de sangría y paella que pronto se adueñó de buena parte de Mallorca.
Las laderas de la entrada al puerto han perdido hoy todo su encanto. Cientos –¿miles?- de chalés y bloques de apartamentos han desfigurado su fisonomía hasta hacerlas irreconocibles. Afortunadamente, aun puedo cerrar los ojos y recordarlas como eran.
En tierra, el famoseo de antaño se ha convertido en un desfile de coches de alta gama conducidos por alemanes –anónimos, pero adinerados- que hoy son los dueños del cotarro local. Un rosario de tiendas bares y restaurantes atienden desde buena mañana hasta bien entrada la noche a esta elegante clientela, en un contraste de actividad que contrasta con la desértica ‘nueva normalidad’ de otros núcleos turísticos bien cercanos en la isla.
Los responsables de bares y restaurantes añoran el lleno total que disfrutaban en anteriores temporadas, pero son conscientes de que no se pueden quejar. Están mucho mejor que sus colegas en otros municipios de la isla.
Pasamos un par de noches en Andratx y como vamos en petit comité, optamos por contratar una boya de las que gestiona el Club de Vela en el antepuerto. Las boyas siempre proveen de ese plus de intimidad y de ventilación que siempre se añora amarrando en puerto. Yendo solo dos personas a bordo, los constreñimientos de agua dulce, de aprovisionamientos en tierra y de gestión del chinchorro son perfectamente llevaderos. Prácticamente todas las boyas y los amarres en puerto parecen ocupados, con barcos fondeados más allá de la bocana. Da la impresión que los navegantes están a provechando a fondo este año las ventajas de distanciamiento sanitario que procura hacer turismo en barco.
En Andratx, por primera vez este en verano por Mallorca, hemos visto tiendas abiertas, bares de copas con un aceptable nivel de concurrencia, restaurantes con varias mesas ocupadas. Las omnipresentes mascarillas y un nivel de bullicio sensiblemente menor de lo habitual a estas alturas de la temporada nos recuerda que desde el punto de vista socioeconómico ni sanitario no estamos ni mucho menos en un año normal, pero al menos en Andratx empieza a parecerlo.