El Mercado Gastronómico de Palma no verá la luz tras un cambio de rumbo de la APB

Los dos edificios que finalmente se van a demoler son adyacentes de las instalac

(4/2/17) Era uno de los proyectos del puerto de Palma que más expectación despertó el año pasado y finalmente no se llevará a cabo. La Autoridad Portuaria ha desestimado la tramitación a concurso del proyecto de explotación de los dos edificios en la calle Contramoll – Mollet. Finalmente, ambos edificios se van a demoler para ganar amplitud en la adyacente plaza de Sant Elm.

El Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria de Baleares (APB) aprobó la propuesta de desistir la tramitación del concurso público para la explotación de dos edificios del Contramuelle-Mollet del puerto de Palma. Se trata de los edificios nº 2-4 y nº 6, que iban a ser puestos a disposición del adjudicatario para la gestión de locales comerciales. Estos edificios son conocidos por la mayoría de navegantes que recalado alguna vez en Palma, pues son los que quedan quedan en el extremo que da al Paseo Marítimo de la calle donde está el RCN de Palma y su demolición dejará la Casa-Club mucho más visible, al tiempo que mejorarán las vistas al puerto desde el casco antiguo, la catedral y la Almadaina.
La APB, de acuerdo con las nuevas directrices del consistorio de Palma, pretende promover la reordenación de esta zona con esta iniciativa, racionalizando usos y eliminando edificaciones que no sean imprescindibles para la actividad portuaria.
El objetivo es el “esponjamiento urbanístico y dotar al puerto de zonas abiertas al ciudadano, acercándolo al modelo ‘Puerto-Ciudad’ perseguido por muchas ciudades de referencia”. Ciudades como Barcelona, Valencia, Génova o Marsella han tomado desde hace años este camino, no siempre sembrado de rosas.
Los defensores de esta política siempre aplauden la cercanía entre el espacio portuario y la ciudadanía y los turistas. Sus detractores alertan sobre el peligro el convertir el puerto –único lugar de la ciudad donde es posible practicar deportes náuticos- en un ‘parque temático’ orientado a unos visitantes (locales o turistas) sin otro interés por el mar que el tipismo mediterráneo.
En los barrios portuarios de Barcelona, por ejemplo, la presión turística lograda ‘abriendo la ciudad al mar’ ha conseguido desvirtuar la vida cotidiana y el comercio de los antiguos residentes en las zonas adyacentes, que están emigrando a marchas forzadas de barrios como la Barceloneta o el Born.
Otros que no están contentos con la decisión de la APB son los responsables de la empresa Mercados Gastronómicos, que había ofertado, avalado y tenía el visto buen de la comisión técnica de su proyecto de concesión de estos edificios para convertirlos en varios locales de restauración que, según la empresa, iban a dar empleo a 5.000 personas.
Fruto de este rumbo errático en sus planteamientos, la APB también ha tenido que hacer frente a la demanda del empresario Jesús Díaz, quien planteó su proyecto para construir un hotel en el primer concurso de estos edificios. La propuesta no fue aceptada alegando que la Ley impide el uso hotelero del suelo portuario. Díaz denunció que la APB no mencionaba este particular en las bases del concurso, en cuyo diseño invirtió una suma considerable de dinero. El juicio, recientemente celebrado, está pendiente de sentencia.