Jornada de relax en petit comité en el puerto de Cala Figuera

Mar Abierto - Tuvimos la suerte y el lujo de disfrutar en solitario del muelle d

(24/jul/20) Un domingo a finales de julio en Mallorca implica que toda la flota local sale a disfrutar de su barco, uniéndose a la creciente oleada de visitantes náuticos vacacionales que merodea la isla en esta época del año. Nuestra primera idea era pasar el día en la preciosa cala Mondragó, pero había demasiados barcos para nuestro gusto.

La perfecta alternativa la encontramos en el muelle de la vecina cala Figuera. Nuestra decisión fue a todas luces singular, pues ninguna otra tripulación compartió nuestra preferencia.
Cala Figuera, en la red de puertos de Ports IB, disfrutaba ese día de unas aguas especialmente limpias, un detalle a destacar ante la creciente y preocupante suciedad y cantidad de plástico que hay en las costas de Mallorca y de todo el Mediterráneo.
Numerosos residentes en Cala Figuera se daban un relajante baño en el puerto y nosotros hicimos lo propio hasta la hora de comer, cuando nos dimos un pequeño homenaje de almejas y mejillones al vapor en una terraza junto al muelle.
Por la tarde, tras una siesta a la sombra del bimini, salimos a pasear por este pequeño núcleo turístico.Buena parte de los hoteles y también un buen número de restaurantes y comercios estaban cerrados, recordándonos la gravedad de la crisis económica generada por la pandemia. No será fácil salir de este socavón y los periódicos locales ya comentaban en portada que, a pesar de las buenas palabras e intenciones de los políticos, la temporada turística no arranca.
La tranquila jornada veraniega se alargó hasta la noche. Por la tarde solo llegó a Cala Figuera otro barco, curiosamente un matrimonio a quienes conocíamos de nuestro puerto base. Las otras cinco o seis plazas de amarre en este pequeño muelle quedaron libres esa apacible noche.