Cala Llombards por mar o por tierra: Dos versiones bien distintas de la misma cala

Mar Abierto - Amanece en cala Llombards.

(22/jul/20) El año pasado, por causas que no viene al caso detallar, no pudimos ir de vacaciones en barco. Nuestro pequeño consuelo fueron unos pocos días en un hotel de Mallorca en los que intentamos –sin éxito- ir a bañarnos a cala Llombards. Este verano hemos vuelto en barco a esa cala y hemos podido comprobar lo afortunados que somos quienes podemos degustar la costa desde la ‘zona azul’.

Un año después, el intento de ir por carretera a cala Llombards aun lo recordamos en casa como una escena de película de Hitchcock. Finales de julio en un pequeño hotel mallorquín de interior. Recién llegados a la isla, nos apetece darnos un baño en una playita. No soy persona especialmente playera y hacía muchos años, décadas seguramente, que no iba en coche a la playa. Siempre lo he hecho en barco. Pensé en Es Caló d’es Moro y en cala Llombards imaginando que eran recaladas de segunda categoría y que no iban a estar muy concurridas. ¡Gran error¡
El aparcamiento público de refuerzo, rotulado como correspondiente a cala Llombards en ese núcleo residencial, quedaba a unos buenos tres kilómetros de la playa según el GPS del coche. Comenzamos mal, y decidimos empezar el día con una visita al cercano Es Caló d’Es Moro. Tras aparcar el coche, el grupo de gente que en ese momento andaba por el camino que lleva a esta minúscula cala, cargados todos con sus neveras y sombrillas, era más propio de una manifestación que de una salida vacacional. En un momento dado, mirando hacia quienes nos precedían y luego hacia quienes venían por detrás, le propuse a mi esposa abortar el intento. “Sólo con la gente que veo, Es Caló d’es Moro está más que lleno. En esa playita no cabemos ni de pie y seguro que hay personas que han llegado antes que nosotros y que otros lo harán más tarde. Creo que no vale la pena el intento. Volvamos al coche e intentemos llegar a cala Llombards”.
Ante este primer chasco, decidimos volver a coger el coche y acercarnos lo más posible a cala Llombards. Al menos para cotejar su nivel de concurrencia. Conseguimos llegar hasta el aparcamiento ubicado en la zona trasera de la misma playa. Lo que vemos asustaba. La densidad de gente impedía ver el mar desde el límite de la arena, que está a unos 100 metros del agua. La aglomeración era más propia de un concierto musical que de una jornada playera. Y en el improbable caso de encontrar sitio en la arena, habríamos que poner la toalla prácticamente en el aparcamiento. No era el plan que esperábamos y sin ni bajar del coche damos la vuelta en redondo y nos largamos por donde habíamos venido. Ir a la playa en coche es realmente duro.
Este verano, de nuevo por Mallorca, no perdimos la oportunidad de volver por mar a estas dos playas del SE mallorquín. En Es Caló d’Es Moro, en efecto, la gente se apiñaba de pie y se bañaban por turnos como podían. En cala Llombards seguía sin caber un alma en la playa. Fácil imaginar cómo estarían los aparcamientos. Sobre el cumplimiento de las normas de distanciamiento social mejor no hacer ningún comentario.
Por muchos barcos que haya en una cala, es infinitamente más relajado ir en barco que en coche. A menudo nos quejamos si en una playa hay más barcos de los que quisiéramos, o cuando los vecinos –nosotros nunca!! (jeje)- dejan su barco demasiado cerca del nuestro en los fondeos diurnos. El año pasado, tras la experiencia de ir a la playa en coche quedamos inmunes de esas reticencias. El peor lugar donde fondear cerca de una playa es mejor que su equivalente llegando en coche.