Primera prueba: Sense 46

Mar Abierto - El bajo francobordo realza el aspecto moderno y deportivo del Sens
Mar Abierto - Los bancos del timonel abatibles abren completamente la bañera hac
Mar Abierto - El diseño de la bañera del Sense 46 es magnífico con el barco en p
Mar Abierto - Las prestaciones a vela son cordes con el programa de
Mar Abierto - Buen tamaño del cofre y un molinete bien ubicado para ayudar en ls
Mar Abierto - Con el Code 0 la velocidad subía a 7,5 nudos con 15,5 nudos de vie
Mar Abierto - La altura de la botavara obliga a subir dos o tres escalones en el
Mar Abierto - La anchura de los bancos y la posibilidad de convertirlos en solar
Mar Abierto - El Sense 46 se intercala entre el 50 y el 43, llegando a casi la e
Mar Abierto - Magnífica iluminación y ventilación naturales en el salón, que ade
Mar Abierto - El camarote de invitados, casi restangular en sus formas, resulta
Mar Abierto - El camarote del armador y su baño anexo ocupan el triángulo de pro
Mar Abierto - El panel traslúcido dela ducha en el camarote de invitados mejora
Mar Abierto - La mesa de cartas, bastante justa en capacidad, tiene perfecta com
Mar Abierto   - La ancha manga en el tercio de popa invita a navegar con el barc
Mar Abierto - La distribución, con solo dos suites en un barco de 14 m., prioriz
Mar Abierto - El casco está construido bajo los estándares de Beneteau, con lami

Diseñado para gustar

Los Sense se atreven a combinar distribuciones de cubierta propias de motoras, con cascos de inspiración IMOCA y decoraciones al estilo loft urbano. Son actualmente la gama de veleros más exitosa de Bénéteau y es lógico que el astillero vaya completando huecos en eslora.
El Sense 46 es el cuarto de esta saga, cuyos cascos y siluetas se parecen como gotas de agua. El recién llegado se intercala entre el 43 y el 50, adoptando casi la talla del segundo, pero conservando la distribución de dos camarotes del primero.
Subiendo a bordo, y como es habitual en esta gama, impresiona el tamaño de la bañera. Tiene más de tres metros de banda a banda en el mismo espejo de popa. Además, la cabina –con su entrada descentrada- está adelantada para ganar longitud en los bancos. Estos bancos, a su vez, son también más anchos de lo habitual, llegando casi a los 70 cm. y el de estribor se convierte en un gran solario bajando la mesa exterior.

Una cubierta con encanto
La circulación proa/popa por la bañera es ancha como una autopista e, incluso en puerto, se agradece la barra central a modo de asidero. Lo asientos del timonel se levantan sobre bisagras y toda la popa queda abierta al mar durante los baños de la tripulación. En puerto o en fondeo, es una bañera imponente, de lo mejorcito en su género y no le faltan ni varios cofres bajo los bancos y el suelo para estibar lo que haga falta.
Caminando por cubierta se aprecian más detalles. Los tambuchos enrasados son muy elegantes y invitan a tomar el sol en proa o sobre la cabina, ya que todas las drizas del palo discurren bajo un tejadillo. Los pasillos laterales son anchos y el anclaje de los obenques en las bandas del casco apenas constriñe el paso a proa.
En el extremo delantero, el cofre de anclas y las roldanas de fondeo tienen unas dimensiones sobradas para el desplazamiento del barco. Lástima que el ancla no pueda meterse en el cofre sin separarla previamente de la cadena. Una barra en el balcón impide su entrada directa.
El molinete queda instalado casi a nivel de cubierta, semi escondido bajo la tapa. Es fácil utilizarlo para ayudar a tirar del muerto o las amarras en las maniobras de puerto. Las cornamusas son de buen tamaño y quedan bien ubicadas.

Interiores de diseño
Prescindir de la doble cabina en popa es la solución que encontró Beneteau para bajar el francobordo y el equiparar el suelo de la bañera con el del interior en los Sense. Este 46 pies vuelve así a la capacidad de acomodación de los veleros de 14 m. de hace 50 años.
Mi primera impresión es positiva. Pasar de la bañera al salón con apenas 3 peldaños a 45º es muy cómodo, como también lo es poder mantener la visual y la conversación entre el interior y la cubierta.
El salón ocupa la parte central del casco. Entre los paneles traslúcidos y practicables hacia la bañera, los del techo, los laterales de la cabina y los portillos fijos en el caso, la iluminación natural interior es excelente. Bravo también por la verticalidad de los grandes ventanales a los lados de la cabina, pues minimizan las entradas de sol.
En lo referente a los portillos fijos en el casco, en fondeo ofrecen bonitas vistas al exterior, aunque sea a costa de limitar un tanto la propia intimidad. Es una cuestión de gustos. Lo que sí es cierto es que su tamaño ya empieza a plantear prevenciones sobre su integridad.
La distribución del salón propone la cocina a lo largo de todo el lado de babor. La estancia la completan un mueble central, dedicado a escamotear la enorme TV de plasma y la banqueta de apoyo al comedor, y un comedor en “C” en el lado de estribor, con la mesa de cartas mirando a popa, adosada al mamparo de la bañera.
El resto del barco lo ocupan dos cabinas/suite. La del armador queda en proa y es correcta en sus dimensiones excepto en una altura de techo de 1,85 m., por debajo de la media en esta eslora.
La cabina de invitados se ubica a medio barco y es prácticamente ¡rectangular!, una geometría excepcional en un velero, donde los camarotes suelen ser de todas las formas posibles excepto la cúbica. Esta geometría tan “urbana” resulta acogedora, maquillando el inconveniente de que la cabina de baño esté dividida en dos estancias. El WC queda al otro lado del pasillo, obligando a salir del camarote para llegar a él. La gran ducha, anexa al camarote, tiene su mamparo traslúcido a cuerpo entero. Al margen de que cada cual aprecie como guste este sensual detalle de los interioristas de Beneteau, esta transparencia aporta luz y volumen a toda la cabina.

Diseñado para vivir a bordo
Los Sense buscan seducir a nuevos llegados a la vela desde la navegación a motor y también a aficionados de la tercera edad disfrutando de una confortable jubilación en petit comité. Según los responsables del astillero, los cliente del Sense pasan entre el 80/90 % de sus vacaciones en puerto o en fondeo y la calidad de navegación no es tan prioritaria como la comodidad interior o un look deportivo y de vanguardia. Bajo este prisma, el diseño de la bañera y de la cubierta en general me parece muy acertado y también me gusta el tono alegre y luminoso de la decoración.
Pensando en la vida a bordo de cuatro personas, el interior del Sense 46 me produce sensaciones contrapuestas. La disposición de los camarotes no es mi favorita, pues desaprovecha mucho espacio en pasillos. Pero a la cabina de invitados le encuentro mucho charme, aunque es una pena que su WC quede al otro lado del pasillo, como en los hoteles baratos.
El salón es amplio y luminoso, pero su distribución no me acaba de cuadrar. Una cocina con cerca de 3 metros de de encimera me parece excesiva para las necesidades de 4 personas. No poder ver la TV desde la cocina, en un barco sin tripulación remunerada, me parece poco respetuoso con el chef y los bancos en “C” del comedor se me antojan una solución simplista. Si se trata de vivir cómodamente, echo en falta unos sillones individuales para la siesta o las guardias, un buen mueble/bar, un comedor vis-a-vis alternativo, un armario donde colgar chaquetas o un tranquilo despacho/mesa de cartas un poco al margen del salón.
La positiva impresión inicial de los interiores también pierde algo de fuelle viendo el austero acabado del mobiliario, con una mesa monopié sujeta con una brida plástica (¡!) que –en la unidad de pruebas- bailaba ostensiblemente en su alojamiento, o unos chapados sintéticos de primer precio en los cantos de varios muebles.

Aires IMOCA en el casco
El gabinete Berret/Racoupeau es el autor de la carena del Sense 46 (y de todos los demás Sense). La amplia manga en popa, la doble pala de timón, las amuras cortadas a escarpa en sus vivos pantoques, el bajo francobordo. El aspecto del Sense 46 recuerda a un IMOCA en versión habitable y promete una navegación deportiva. Pero la realidad es otra y para confirmarlo basta un vistazo a la ficha técnica; un desplazamiento de 12 T. para menos de 100 m2 de vela en ceñida no son cifras de crucero deportivo.
Probamos el barco en la bahía de Palma, con una brisa que empezó sobre los 10/11 nudos, subió hasta los 20 nudos, para luego bajar y estabilizarse sobre los 13/15 nudos, siempre con poco mar. Un buen ramillete de condiciones.
En ceñida, con el viento entre 11 y 12 nudos, el Sense 46 oscilaba entre 5.7 y 6,3 nudos de SOG. Como es normal en aparejos con poco recubrimiento del foque, el rango óptimo de efectividad en ceñida era estrecho y cualquier despiste en la caña se notaba en la corredera. Con el viento llegando a los 20 nudos, al límite de lo que el barco aguanta en ceñida antes de reducir vela, la velocidad subía hasta los 7/7,4 nudos.
Navegando a 120º de viento, la velocidad oscilaba sobre los 6 nudos con 11/12 nudos de viento, subiendo a 7,4 nudos con casi 18 nudos de viento. Con el Code 0 la velocidad subía a 7,5 nudos con 15,5 nudos de viento real a 105º, cifra que bajaba a 6,5/7 nudos con el viento a 135º. La máxima de velocidad registrada fueron 8,7 nudos con un viento de 17,4 nudos a 80º.
En ceñida, las sensaciones que destila este velero a la caña son honestas con su programa de crucero tranquilo. La mayor decepción con la corredera la tuvimos abriendo velas. Nunca entramos ni en un atisbo de semi-planeo y la unidad probada daba la permanente sensación de que le faltaba velocidad. Según las polares, el Sense 46 necesita hasta ¡30 nudos! de viento a 150º para superar los 12 nudos de velocidad. La verdad es que arrastraba mucha agua por popa en todos los ángulos de escora, velocidades e intensidades de viento.
Paradójicamente, el bajo francobordo ofrece una impresión inversa a las cifras de la corredera. Al navegar tan cerca del agua, la sensación de velocidad es agradablemente superior a la sentida en otros veleros de la misma eslora.

Una maniobra de altura
La caña del Sense 46 es muy neutra en todo momento e incluso llevando el casco a su límite de escora en ceñida –condiciones que no le gustan nada a esta ancha carena- y el Sense 46 se mostraba perfectamente controlable y sin apenas amagos de irse hacia el viento.
Bravo por la doble pala de timón aunque, con el barco escorado y sentado a barlovento en las brazolas, el caña no sabe donde apoyar sus pies. Es como si los diseñadores quisieran recordarle en todo momento que el Sense 46 quiere navegar plano. Todo y así, el magnífico control que proporciona el doble timón se agradece en cualquier rumbo, velocidad y ángulo de escora.
La maniobra es bastante completa y en la unidad de pruebas también contamos con winches eléctricos en los dos pares de winches y con la maniobra del Code 0. Si el acastillaje es completo y de calidad, su disposición tiene algunos puntos grises. Manejar las drizas y escotas desde las brazolas ya es incómodo de por sí, pero si añadimos el plus de anchura de los bancos/solario del Sense 46 aun se complica más. Suerte que no había que gatear por anchos solarios; bastaba con estirar un dedo hasta el botón del winche eléctrico.
Con el barco en puerto, la maniobra de mayor, con su escota en un arco sobre la bañera, se hace discreta como un mayordomo inglés. Pero navegando, la botavara queda muy alta. Demasiado alta (1,80 m. en la base del palo) para una tripulación que mayormente estará formada por miembros de la tercera edad. Para trincar la driza –y hay que trincarla en cada maniobra de arriado- hay que escalar dos o tres peldaños remachados en el mástil, . . . agarrándote donde puedas.
Si uno de los interminables cabos de rizo sin fin o las cinchas del lazy-bag se enredan en las poleas o en el extremo de la botavara, encaramarse por la capota y el arco para solucionar el entuerto no es una maniobra para abuelos. Y estos imponderables suceden a menudo. Durante la prueba, sin ir más lejos, sucedieron todos ellos.
Otra limitación que vi en la maniobra es la falta de recursos para quitarle potencia a la mayor. El Sense 46 agradece navegar plano, pero tampoco es especialmente duro de escora (28% de lastre). Sin carro ni cunningham en la mayor, no era fácil aplanar y/o desventar una vela de más de 50 m2 con sables forzados que, de natural, ya tiende a la sobrepotencia. Con viento, la sola tensión de driza, pujamen, contra y escota se antojaban insuficientes.

Navegando a motor
La vuelta a puerto nos permitió registrar las prestaciones de velocidad a motor del Sense 46. Con el acelerador a fondo (3.200 rpm) y viento ligeramente en contra, este Beneteau llegaba a unos considerables 8,3 nudos, cifra que apenas bajaba un nudo en régimen de crucero, a 2.200 rpm. El barco de pruebas equipaba un silencioso Yanmar 4JH5CE de 75CV.
Otro accesorio que llevaba el Sense de pruebas es el Dock & Go, que combina electrónicamente a golpe de joystick la hélice de proa y la rotación del controlada del SailDrive del motor. Beneteau lo está instalando en más de la mitad de sus barcos de más de 45 pies y permite giros, movimientos laterales o al bies. El Dock & Go (23.400,- €) inspira mucha seguridad en los acercamientos al pantalán y por menos de la mitad de este precio (9.110,- €), la clásica hélice de proa sigue en la lista de opciones.

Por: Enric Roselló

Principales características: Esl. Tot.: 14,12 m., Esl. Casco: 13,82 m., Esl. flot.: 12,92 m., Manga: 4,43 m., Calado: 2,05 m. (std.) 1,75 m. (opc.), Desp.: 11.800 kg., Lastre (bulbo tipo suela): 3.460 kg. (std.) 3.880 kg. (corto opc.), Aparejo: Fraccionado 9/10, 2 pisos crucetas, Mayor: 52,30 m2, Foque 103%.: 47 m2, Espi: 120 m2, Agua: 690 l., Gasoil: 400 l., Motor: Yanmar75 CV, Diseño: Berret-Racoupeau Yacht Design, Interiorismo: Nauta Design. PVP base IVA inc.: 273.765,- €, PVP unidad probada IVA inc.: 459.821,- € (www.beneteau.com)